
Guillermo Ortíz
Guillermo Ortíz: ¿Gobernador o gobernado?
'Voces del Periodista'
José Alberto Villasana
16 de octubre, 2005.
Durante la Comparecencia
de Ortiz Martínez ante la Comisión de Hacienda del Senado, el pasado 4
de octubre, los senadores le preguntaron el porqué de su oposición a la
iniciativa de dar a los mexicanos una moneda de plata convertida en
dinero.
Su respuesta fue
reveladora: “si nos cuesta unos centavos emitir un billete, para qué
vamos a gastar cinco dólares en emitir una onza de plata teniendo un
valor liberatorio menor a un billete de 500 pesos”.
Finalmente, el así dicho
“gobernador” expresó la verdadera razón de su obcecación en esa materia.
En otras ocasiones había manifestado, incluso por escrito (a través de
su escribano Ramos Francia), una serie de pretextos disparatados: que el
público la va a regresar, que la pueden falsificar, que traerá costos
para el erario, que dificulta el control monetario…
En esta ocasión, expresó
el motivo real: no le gusta un señoreaje moderado, es decir, necesita
desfalcar a la población con pedazos de papel que no valen nada, pero
que sí le otorgan al Banco “de México” un 99.9% de señoreaje.
Esto es digno del más
detenido análisis pues, lejos de la voracidad por las ganancias, la
postura de Ortiz Martínez denota una buena dosis de crueldad contra la
población.
Comencemos por decir que
el Banco de México no es una empresa privada, cuya finalidad es la mayor
obtención de ingresos. Ni siquiera es, al menos oficialmente, el
organismo encargado de aplicarle a la población el impuesto de la
inflación, aunque de hecho lo hace con su política monetaria de solo
dinero fiat, que no vale nada, que se crea por decreto
gubernamental, y cuya cantidad puede ampliar impunemente.
Incluso bajo el argumento
de que las ganancias del señoreaje el Banco las entregue al erario, cosa
que nos gustaría constatar, el Banco no tiene el derecho de afectar a la
población con el impuesto oculto que implica la expansión de base
monetaria irredimible, y sin embargo ha multiplicado cinco veces la base
monetaria y ha causado el 222% de devaluación del peso en los últimos
diez años, por no hablar de los descalabros financieros ó del FOBAPROA.
En teoría, el Banco de
México, debería de velar por el poder adquisitivo de los mexicanos. Pero
en realidad atiende más a la aprobación de la Reserva Federal, organismo
privado que emite los dólares que son rentados a los estadounidenses,
otra moneda que no vale nada y que constituye la moneda de reserva
mundial.
El Banco nos pone elevadas
tasas de interés, emite “cortos”, nos niega moneda de valor intrínseco,
para contener la ingente exportación de déficit norteamericano hacia
nuestro país y mantener las variables “macroeconómicas” según los
intereses externos. Pero no le interesa el bienestar de la población, le
tiene sin cuidado que sus ingresos sean cada vez más reducidos.
Guillermo Ortiz conoce
bien la diferencia entre dinero real, dinero honesto –de plata ó de oro-
y el dinero ficticio, político, que se crea echando a andar la maquinita
de imprimir billetes, ó la computadora para crear dígitos en archivos
virtuales.
El peso necesita reservas
de dólares para valer, depende de otra moneda que a su vez no vale nada.
El dinero real no necesita
de reservas de dólares para valer, tiene su propio valor intrínseco,
constituye su propia reserva.
Ron Paul, un congresista
que en Washington está abogando por la introducción de moneda de oro en
su país, admite que “Desde 1971, cuando el presidente Nixon cortó al
dólar su última conexión con el oro, nuestra moneda no es nada más que
pedazos de papel verde, ó dígitos de computadora maniobrados por un
monopolio bancario creado por el gobierno: la Reserva Federal”.
Y revela las consecuencias
de ese proceso: “Los bonos ya no son el ahorro de la población, sino la
especulación de inversionistas deseosos de comprar al menor precio,
obtener las mayores ganancias, y luego vender rápidamente. El ingreso
real ha sufrido más que en cualquier otra época de la historia
norteamericana”.
Las consecuencias de
retacar a la población de dinero sin valor son funestas. Devalúa el
ingreso de los trabajadores, no permite el atesoramiento y el ahorro
real, facilita el control del monopolio gubernamental, inflinge
debilidad a la economía.
El dinero fiat no
es propiedad privada. Por más que en nuestra cuenta bancaria aparezcan
dígitos, o se nos entreguen pedazos de papel, en realidad no son más que
certificados de crédito y derivados de una deuda por la que nadie
responde. El dinero fiat es político, es socialista, permite la
manipulación de la población.
El dinero real, como la
moneda de plata que Ortiz no quiere dar a los mexicanos, sí es propiedad
privada, tiene su valor contante y sonante, preserva el fruto de nuestro
trabajo de la devaluación, da certeza a la persona humana.
Amén de que la posición
del señor Ortiz sea ideológica, es preciso cuestionarlo por los
resultados y compararlos con el impacto benéfico que tendría la moneda
de plata en la circulación.
El incremento de M1 de
2004 a 2005 fue del 12.5%, mientras que si monetizáramos todas las onzas
“Libertad” que existen en poder de los mexicanos apenas llegaríamos a un
0.24% de incremento de M1.
El peso se ha devaluado un
222% en los últimos diez años, mientras que la plata se ha re-valuado un
350% en el mismo lapso de tiempo.
Ni siquiera
macroeconómicamente, con números, puede el señor Ortiz sostener su
postura, a no ser, como dijimos, que esta sea deliberadamente no
favorecer a la población sino conseguir la servil aprobación de la
Reserva Federal.
De haber aplicado el
método de cotización propuesto por los diputados, de cotizar la onza
“Libertad” con un 10% de señoreaje, en los últimos años hubiera dado un
rendimiento real anual del 8%, dividendos que no otorga el mejor de los
instrumentos financieros.
Las consecuencias de esos
billetes de los que Ortiz Martínez obtiene felizmente su 99.9% de
señoreaje son evidentes, y sólo podemos esperar mayor inflación, más
desempleo, y una contracción final de liquidez.
Habría que recomendarle
leer las palabras del congresista Ron Paul. Si bien él se refiere al oro
(los Estados Unidos declaran tener más de ocho mil toneladas de reserva)
en México, por ser el primer país productor de plata, podríamos aplicar
sus afirmaciones a la moneda de plata que queremos para los mexicanos:
“Un patrón monetario
basado en principios éticos es aquel en el que la unidad monetaria está
bien definida y está basada en algo de valor real, como el metal. Una
moneda que obtiene su identidad por decretos gubernamentales es
arbitraria, indefinida, y destinada al fracaso, porque tarde o temprano
será rechazada por el público. El control político del monopolio de
dinero es algo que se debería limitar. La inflación, siendo un resultado
de la creación artificial de crédito y dinero, sólo puede existir en un
sistema de moneda de papel irredimible, basado en imprenta, dígitos de
computadora y banca fraccional. La inflación no crea riqueza, pero sí un
gran daño a la población. La moneda de oro es dinero honesto, porque los
gobiernos no lo pueden crear de la nada. La nueva moneda tiene que ser
producto del trabajo duro y honrado, y no de la desvergüenza política y
financiera. La inflación causada por el dinero de papel es un robo que
despoja a la mayoría para beneficiar a una minoría. El oro es riqueza en
sí. Nuestra actual moneda de papel no es riqueza. Porque el dinero
fiat no crea riqueza, sólo la usurpa, y la transfiere de unos a
otros.
El incremento de
circulante monetario es tan inmoral como quien ilegalmente lo falsifica.
El nuevo papel moneda, venga de donde venga, hace el mismo efecto de
restar valor a la masa monetaria ya existente. Esto no sucede con el
incremento de moneda de oro, porque la moneda de oro lleva su valor en
sí, no lo resta de las unidades ya existentes. Idealmente, el papel del
gobierno en un sistema de dinero contante y sonante, es mínimo. Su
propósito debe ser garantizar el respaldo del circulante. Ni al
gobierno, ni a los privados autorizados para emitir dinero, se les
debería permitir defraudar a la gente con inflación y depreciación de la
moneda. La honestidad e integridad de la moneda está basada en un
contrato, y al gobierno le compete sólo castigar a los que violan dicho
contrato. La moneda de oro es rechazada sólo por aquellos que abogan por
la intervención gubernamental en la economía. Monetizar deuda mediante
dinero fiat es más complejo, y por tanto políticamente más
aceptable, pero es más dañino, mucho más dañino que fiscalizar
directamente a la población. Por eso, John Locke defendió el patrón oro
tanto como lo hizo por el derecho humano a la propiedad privada.”
A Ortiz le debería
interesar el bienestar general de la población, no el beneficio
particular de un banquero central atento a plegarse a las normas
fracasadas e injustas de la Reserva Federal, las cuales han llevado a
los Estados Unidos y al mundo entero a las puertas de un colapso
económico sin precedentes. Conmiseración con la población es lo que hace
falta, señor Ortiz.
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